Wednesday, May 25, 2011

14 Tonos de Gris

El reciente asesinato de Osama bin Laden y la euforia que desencadenó este evento rápidamente me recordó a los sentimientos y argumentos que surgieron en los meses y años posteriores a los atentados del 11 de setiembre del 2001.

Muchas personas consideran que con la muerte de bin Laden se cierra el capítulo de una década caracterizada por el radicalismo religioso, las intervenciones militares y la intolerancia.

Sin embargo temo que a casi 10 años de los atentados del 11 de setiembre y del salto a primera plana del terrorismo internacional, no hemos realmente avanzado en el camino a comprender y superar el tipo de conductas que motivaron en primer lugar a este crimen.

Si bien es cierto que el 11 de setiembre cambio la historia del mundo, una de las cosas que más puso en evidencia no fue la capacidad de Estados Unidos de ser víctima de un ataque altamente destructivo en su propio suelo, sino más bien nuestra poca capacidad de comprender el por qué llegó a ocurrir un acto tan atroz.

Una de las principales víctimas de los atentados terroristas del 11 de setiembre fue nuestra capacidad de profundizar y analizar el verdadero motivo de un evento tan significativo. Esta virtud fue rápidamente consumida por el miedo que rodeó a la población estadounidense y a buena parte del mundo en los días y semanas posteriores al atentado.

De lado fueron tiradas todas las preguntas de ¿Quiénes son verdaderamente los actores de este crimen? ¿Cuál fue su verdadera motivación? o peor aún ¿somos responsables nosotros mismos en alguna manera por este atentado? En cambio la masa se rindió ante uno de nuestros instintos más primitivos y poderosos, el miedo.

El miedo es uno de los elementos con mayor capacidad de unificadora en una sociedad, sin embargo el miedo no controlado puede fácilmente dar paso a la brutalidad y torpeza la ignorancia. Por tanto, luego del incierto y alarmante futuro propuesto por este acto terrositas, muchas de las sociedades del mundo decidieron adoptar las explicaciones peligrosamente simplistas de políticos, periodistas y militares quienes plantean una visión del mundo dividido entre buenos y malos. Un mundo en donde los terroristas odian a occidente por que “odian nuestras libertades y nuestro estilo de vida” según afirmó repetidas veces el expresidente estadounidense George W. Bush.

El pueblo estadounidense nunca se cuestionó de manera objetiva cuales han sido las verdaderas motivaciones de este y cientos de otros atentados terroristas cometidos a través de los años. El pueblo estadounidense tampoco se preguntó de una manera efectiva cuál rol ha jugado su propio gobierno, así como el de otras potencias occidentales en fomentar y motivar la radicalización y el terrorismo a nivel internacional.

Nunca nos cuestionamos los efectos del constante el apoyo militar, financiero y diplomático que algunas de las potencias occidentales han brindado por décadas a decenas de dictadores alrededor del Medio Oriente con el deseo de que estos actúen como protectores de un Estado secular y alejado del radicalismo representado por diversos grupos opositores con afinidades religiosas. Difícilmente reflexionamos sobre las consecuencias sociales de las intervenciones militares en Afganistán, Irak y en menor escala en Pakistán, Yemen y Somalia. Rápidamente catalogamos de antisemita a toda discusión que cuestione el apoyo incondicional al Estado de Israel, el cual es un constante violador del derecho internacional y cuyos dirigentes continúan rehusándose a convertir a este país en un actor pleno de la comunidad internacional.

Rara vez nos preguntamos si estas políticas han tenido un mayor impacto en el descontento hacia Occidente que sienten las sociedades del Medio Oriente y buen parte del mundo musulmán, de lo que las ideas propuestas por Osama bin Laden y al Qaeda jamás han logrado. Sin embargo, nuestro odio y nuestra ignorancia no nos permiten levantar el velo y ver nuestro propio rol en la creación de este mal. En cambio hemos escogido vivir más de una década creyendo que las sociedades occidentales han sido las víctimas exclusivas de un mal personificado por Osama bin Laden y su nefasta organización.

Al Qaeda no es una organización monolítica comandada por una cúpula elitista de terroristas profesionales. Al Qaeda es una idea, un mito, una fantasía utilizada para explicar un fenómeno tan complejo como el terrorismo internacional de una manera simplista y fácil de comprender, al atribuir este mal a un grupo específico de personas maléficas que pertenecen a una organización internacional sin escrúpulos y con un deseo irracional de martirio.

El pensar que existe tal cosa como “una única al Qaeda” con células alrededor del mundo que persigue objetivos específicos dictados por un pequeño círculo de líderes entre los cuales se encontraba el mismo Osama bin Laden; refleja una pobre y poco precisa apreciación de la realidad internacional.

Lo que existe en realidad es un diverso número de grupos que se identifican bajo el mismo nombre y que se rigen bajo una ideología similar, tal es el caso de al Qaeda en la Península Arábica en Yemen, al Qaeda en el Magreb Islámico en Argelia o al Qaeda en el Estado Islámico en Irak; así como también toda una infinidad de grupos extremistas menores que también utilizan el terrorismo para perseguir sus objetivos.

Sin embargo, todos estos grupos no poseen prácticamente ningún nivel de organización o cooperación mutua, ya que cuentan con su propia estructura de comando, persiguen sus propios intereses regionales, y operan en regiones muy diferentes. Por tanto la muerte de bin Laden difícilmente tendrá algún efecto en las operaciones de estas u otros grupos extremistas alrededor del mundo como el Talibán y la red Haqqani en Afganistán o al Shabaab en Somalia.

El mundo, lejos de ser blanco y negro tiende a ser 14 tonos de gris. El pensar que la muerte de Osama Bin Laden va a significar el fin del terrorismo en el Medio Oriente o que si quiera va a tener un impacto significativo en el número de atentados a nivel internacional es en mi opinión un análisis excesivamente simplista y muy poco preciso de la realidad internacional.


Quien fue Osama bin Landen


Bin Laden y al Qaeda son un ideal, un ícono que vinieron a representar la idea del jihad como una obligación presente y posible, tanto así como una estrella de fútbol y un equipo definen todo un deporte, o como un líder y un movimiento definen toda una época.

El rol inicial de Osama bin Laden dentro de la organización que eventualmente llegó a ser llamada al Qaeda, fue el de convertirse en el principal financista del grupo. No es ningún secreto que bin Laden proviene de una adinerada familia saudita dueña de un importante consorcio de compañías constructoras y por tanto se convirtió en una figura muy atractiva para el grupo de radicales previamente conformado por Ayman al- Zawahiri, el tradicional segundo al mando de la organización. Sin embargo, a pesar de su riqueza, la personalidad y carisma de bin Laden lo convierten rápidamente en el claro líder y la cara de la organización.

Según afirma Robert Fisk, el corresponsal en jefe para el Medio Oriente del periódico inglés The Independent y la única persona que logró entrevistarse con bin Laden en múltiples ocasiones, “bin Laden tiene una característica única entre todos los líderes musulmanes que he entrevistado durante todo mi tiempo como periodista en el Medio Oriente. Bin Laden es el único líder que no dice lo primero que se le viene a la mente cuando se le hace una pregunta, sino que más bien se toma lo que parece ser una pausa agonizante mientras evalúa reflexiona antes de dar una particular respuesta”.

Sin embargo, a pesar de toda su gran capacidad de liderazgo e inspiración, la persona que siempre ha sido el padre ideológico de la organización no ha sido bin Laden, sino más bien el segundo al mando de la organización, Ayman al-Zawahiri. Al-Zawahiri es un radical con una amplia experiencia como activista en Egipto, y el cual se cree que recluta a bin Laden a principios de los 90 en Afganistán para formar lo que llegará a ser conocido como al Qaeda.

Por otro lado, en lo que respecta a los atentados del 11 de setiembre, este no fue un atentado ideado y planeado originalmente por Osama bin Laden, sino más bien por el egipcio Mohammed Atta. Es Atta quien no solo presenta a inicios del 2001 a bin Laden y a su grupo con la idea y el método de cómo realizar el atentado terrorista del 11 de setiembre, sino que también es él el que se encarga de dirigir y llevar a cabo la operación. Atta está a bordo de un de los dos aviones que se estrellan contra las torres gemelas en ese fatídico día en Nueva York.

Osama Bin Laden es un cruel criminal y atroz terrorista, sin embargo como él existen miles de personas; y si bien es cierto que su capacidad para inspirar e influenciar a cientos de grupos radicales y extremistas alrededor del mundo es incuestionable, el pensar que él es el creador y dirigente de la mayor parte del terrorismo internacional es simplemente una ingenua ilusión.

Con la intervención militar en Afganistán en el 2001 al Qaeda sufrió un severo golpe y la organización tuvo que desarticularse en gran medida como forma evadir la captura. Desde entonces, la cúpula de dirigentes que logró sobrevivir a los bombardeos estadounidenses y los avances de la Alianza del Norte debió encontrar refugio en las zonas tribales del oeste de Pakistán. La amenaza de ser capturado obligó a bin Laden y a su grupo más cercano de allegados a entrar en refugio a tal medida que esto limitó en gran medida su capacidad de comunicarse con el mundo exterior debido al riesgo de ser descubierto.

Por ende el pensar que Bin Laden ha estado en contacto directo con numerosas células terroristas y planeado atentados al rededor del mundo todo este tiempo es una hipótesis poco probable. El potencial de Bin Laden se encuentra mucho más en su capacidad de inspirar y motivar a futuros terroristas y movimientos radicales, que el de organizarlos y llevarlos a cabo; he ahí la insignificancia de su muerte.

Gracias a la ayuda de la bien establecida política de asesinatos extrajudicales, el gobierno estadounidense prefirió concluir el capítulo en la leyenda de Osama bin Laden convertirlo rápidamente en un mártir, que detenerlo y colocarlo ante un tribunal internacional como el simple criminal que fue.

La muerte de bin Laden representa un gran logro e impulso para la imagen del Presidente estadounidense, el cual intenta mantener sus niveles de popularidad luego de la lucha por impulsar un difícil plan de reforma al sistema de salud y las recuperaciones económicas luego del a crisis financiera.

Lamentablemente este evento ya ha comenzado a ser utilizado como justificación para el continuo uso de técnicas de tortura utilizadas sobre los detenidos en Guantánamo y demás bases militares estadounidenses, así como la constante practica de la política de asesinato extrajudiciales cometidos en Pakistán, Yemen y Afganistán, llevados a cabo por aviones piloteados a control remoto o por fuerzas especiales dirigida por JSOC (Joint Especial Operations Command).

El asesinato de bin Laden es un gran logro desde el punto de vista mediático y de estrategia política, sin embargo si realmente pensamos que Osama bin Laden y al Qaeda son la fuente de todo el mal, el descontento y la motivación de miles de musulmanes que deciden tomar el camino de la violencia en reacción a la presencia y las políticas de las potencias occidentales hacia el Medio Oriente; entonces claramente estamos muy lejos todavía de comprender a estas personas y nuestro rol en su descontento.

El mejor ejemplo de la poca relevancia de organizaciones como al Qaeda para convertirse en agentes de cambio en el Medio Oriente, es la ola de revoluciones populares en decenas de países alrededor toda esta región. Esta ola de revoluciones conocida como “la primavera árabe” ha tenido un mucho mayor éxito en unir y motivar a generaciones de musulmanes para luchar por sus derechos, libertadas y por un nuevo estilo de vida; de lo que decenas de grupos radicales y fundamentalistas como al Qaeda jamás han logrado.

Contrario a lo que muchos políticos, noticieros o militares quisieran hacernos creer de que el mundo esta dividido entre buenos y malos, inocentes y culpables, héroes y demonios; el día que podamos reconocer que si existe tal cosa en el mundo como “una verdad absoluta” esta probablemente no va a ser de color blanco o negro, sino más bien va a tener 14 tonos de gris. Ese día estaremos un paso más cerca de conocernos a nosotros mismos.

Thursday, May 12, 2011

Una combinación volátil, el Sur de Sudán

El constituirse como un nuevo país y por ende como un nuevo miembro de la comunidad internacional siempre conlleva nuevos retos y desafíos que la joven nación debe rápidamente aprender a superara.

Algunas naciones como en el caso de las Repúblicas del Báltico Latvia, Estonia y Lituania, lograron la independencia luego de la caída de la Unión Soviética de una manera acelerada y poco conflictiva. Hoy en día estas tres naciones constituyen miembros activos de la Unión Europea, y por lo menos en el caso de Estonia, este país se ha convertido en uno de los miembros más exitosos de la Comunidad Europea luego de su integración en el 2004.

Para otras naciones como en el caso de las Repúblicas que conformaban la antigua Yugoslavia, el paso a la independencia fue un proceso mucho más sangriento y conflictivo. Por tanto, las secuelas del las guerras vividas entre estos países durante la década de los 90 todavía se hacen sentir todavía en las sociedades que surgieron luego de la disolución del régimen de Tito.

Sin embargo, en el caso del Sur de Sudán, el cual votó por la secesión del norte durante el referendo llevado a cabo en enero de este año, las amenazas y retos a los que se debe someter este nuevo país lo colocan en una escala casi inigualable.

El desarrollo particular que ha tenido esta región a través de su historia ha provocado la creación de toda una serie de características propias que la convierten en una zona extremadamente volátil e inestable en el futuro cercano.

Sin acceso al mar y con males vecinos

El acceso al transporte marítimo es una característica usualmente tomada como poco determinante en el bien estar de un pueblo, pero la cual sin embargo, puede determinar el gran medida el nivel de desarrollo económico de un país. Esto se debe a que hasta la actualidad la gran mayoría del comercio internacional de bienes y materias primas se realiza por vía marítima; salvo en aquellos casos en los que los principales mercados del país exportador son sus países vecinos. De lo contrario el país que desee exportar sus productos en el mercado internacional se encontrará altamente dependiente de la infraestructura de un segundo o tercer país para poder colocar sus productos efectivamente en el mercado internacional.

Ahora bien, si estamos hablando de Suiza, uno de los países más desarrollados y ricos del mundo y el cual cuenta con la dicha de estar ubicada en un “buen vecindario”; sabemos que el típico exportador de queso suizo puede hacer uso de la excelente infraestructura de sus países vecinos para tener sus productos en un puerto de primera calidad en cuestión de horas. Si por otro lado este productor se encuentra ubicado en un país sin acceso al mar y cuyo vecindario directo está conformado por la República Democrática del Congo, Kenya, Etiopía, Uganda y la República Centroafricana; la situación es muy diferente.

Al Sur de Sudán se le hace extremadamente difícil el poder incorporarse al mercado internacional, ya que al no tener acceso marítimo debe obligatoriamente valerse de la infraestructura de sus países vecinos para poder colocar un producto en un puerto marítimo. Esto significa que el Sur de Sudán no tiene un buen incentivo a desarrollar una industria manufacturera, debido a que este tipo de industria tiende a generar productos altamente dependientes del transporte tanto para su manufacturación, como para su exportación. Cabe resaltar que las industrias manufactureras tienden a ser uno de los principales motores de auge y desarrollo de la economía de cualquier país del mundo.

Por otro lado, una posible alternativa para aquellas regiones que no cuentan con un acceso directo al mar es el beneficiarse de los mercados internos de sus países vecinos, sin embargo en el caso del Sur de Sudán, las economías de sus países vecinos se han mantenido a través de los años casi tan estancadas como la sudanesa, por lo que no se han convertido hasta la fecha en mercados deseables para la exportación y hacia los cuales el Sur de Sudán podría dirigir su industria.

Ahora bien, si un país que no posee acceso al mar cuenta con amplias reservas de algún recurso natural valioso, generalmente el alto precios internacional de este recurso hace que su exportación a través de una infraestructura deficiente y anticuada sea aún así un negocio bastante rentable. En el caso del Sur de Sudán este recurso viene a ser el petróleo, el cual tradicionalmente siempre ha sido exportado principalmente a través de la infraestructura ubicada en el norte de Sudán.

El problema viene siendo que esta característica en esencia condena a la economía de la región a una dependencia casi completa de la explotación del petróleo por muchos más años, algo que tiende a ser bastante indeseable.

Las grandes sumas de dinero atraídas producto de la venta del petróleo tienden a convertirse rápidamente en este tipo de países en armas de doble filo, las cuales terminan incentivando la corrupción, el despilfarro, el subdesarrollo, el conflicto y el aumento en el gasto militar.

Historia conflictiva

Desde su independencia del Reino Unido en 1956, Sudán ha tenido que lidiar con una de las guerras civiles más largas de la historia reciente. El conflicto armado entre el norte y el sur se inicia desde 1955 y se extiende hasta 1972, año en donde se logra negociar una paz tenue, la cual sin embargo no logra dispersar las tensiones entre ambos bandos. Por tanto, en 1982 se da un nuevo inicio a la guerra civil, la cual llega a su fin en el 2005 con la negociación del famoso Comprehensive Peace Agreement (CPA).

Desde entonces la paz entre el norte y el sur se ha mantenido, sin embargo en esencia, a excepción de una breve pausa de 11 años, desde su independencia Sudán ha pasado casi un medio siglo en un estado de conflicto perpetuo, el cual según estimación cobró la vida de alrededor de 2 millones de personas.

Los conflictos armados producen toda una serie de elementos altamente nocivos para el desarrollo de toda una sociedad. Tradicionalmente la guerra destruye tanto la economía del país, como su capacidad de recuperación luego de su fin. Esto se debe a que durante una guerra la infraestructura nacional siempre se ve severamente afectada por los diferentes combates, además de que la gran inestabilidad genera mucha desconfianza para la inversión inclusive una vez terminado el conflicto.

Por otro lado, los conflictos armados también tienden a generar una gran emigración de personas fuera de las zonas de lucha hacia zonas urbanas o países vecinos, así mismo los vacíos legales producto de la ausencia Estatal tienden a generar una proliferación de actividades y organizaciones delictivas. Los largos años de lucha tienden a deteriorar severamente la capacidad del Estado para continuar proveyendo los servicios públicos básicos, sin embargo sí promueven un claro aumento en el gasto militar. Por último, el conflicto armado siempre generar grandes abusos de derechos humanos sobre la población civil, además de que conlleva a una eventual radicalización de las conductas e idiosincrasia de toda una sociedad.

El tener un pasado conflictivo eleva altamente las probabilidades de recaer en un nuevo conflicto armado, ya que una vez que un país ha caído en un conflicto armado numerosas fuerzas fuera de su control tienden a atraparlo en un síndrome de conflicto perpetuo, esto es lo que se conoce como “la trampa del conflicto”.

Los conflictos armados son tan dañinos para la sociedad de un país que en esencia son considerados como desarrollo en reversa. Ya se puede imaginar uno el efecto que ha tenido casi 50 años de guerra casi ininterrumpida en un uno de los países más pobres del mundo.

Frágiles instituciones

Uno de los factores principales que garantiza tanto la solidez de una democracia, así como una buena gobernanza por un Estado es la solidez de las instituciones públicas que lo componen.

Más allá de la comunidad internacional o del trabajo de Organizaciones no Gubernamentales o potencias regionales, es el trabajo realizado por las instituciones públicas el que se encarga de establecer tanto un sistema de chequeos y balances que regule todo tipo de actividad pública, como el proveer todo tipo de servicios básicos e indispensables para el buen funcionamiento de un país.

Si bien es cierto que el Sur de Sudán ha sido una región que se ha gobernado de una manera semi-autónoma por décadas, en buena parte debido a su difícil relación con el régimen de Jartum; con la llegada de la independencia sin embargo, esta deficiencia institucional se ha convertido en algo mucho más aparente.

Hasta la fecha el Sur de Sudán cuenta con un mínimo desarrollo institucional, lo que lo coloca en una posición en donde se vuelve casi imposible el poder cumplir con las necesidades más básicas de sus ciudadanos. En los casos en donde un gobierno no es capaz de proveer los servicios mínimos, no sólo coloca a la población en un estado de mucho estrés, sino que también se convierte rápidamente en uno de los principales generadores de inestabilidad dentro tanto de un país, como de toda una región.

Multiplicidad étnica

La existencia de una multiplicidad de grupos étnicos, así como religiosos o lingüísticos dentro de un mismo país no debe ser por sí sola una fuente de tensión e inestabilidad. Inclusive en muchas sociedades esta particularidad suele convertirse en una característica bastante beneficiosa para un país, ya que la multiplicidad étnica tiende a otorgarle a una sociedad una mayor versatilidad y dinamismo. Al tener un gran número de grupos étnicos un país puede gozar de conexiones importante con otras partes del mundo, así como lograr integrarse de una manera más exitosa en diferentes mercados mundiales.

Sin embargo, en las sociedades más pobres del mundo las relaciones multiétnicas tienden a ser puestas constantemente a prueba y están periódicamente sometidas a una mayor tensión debido a los numerosos estreses y presiones a los que deben enfrentarse. Ahora bien, en el caso de aquellos países en donde un grupo étnico en particular es significativamente más numeroso o influyente que los demás, estas divisiones tienden a ser extremadamente volátiles y son frecuentemente la fuente de numerosos problemas dentro del mismo país.

Como lo gran mayoría de países en África, el Sur de Sudán es un mosaico de tribus y etnias diferentes con costumbres, idiomas, intereses y motivaciones muy variadas. Sólo en esta región podemos encontrar más de 40 tribus diferentes, como es el caso de los Nuer, Murle, Madi, Shilluk, Bor y Dinka; siendo este último grupo el que ha tradicionalmente dominado la región durante las últimas décadas.

La etnia Dinka representa aproximadamente un tercio de la población total del Sur de Sudán y ha sido tradicionalmente el grupo étnico más comprometido con la lucha armada contra el norte. Tanto así que John Garang, el antiguo líder del principal grupo rebelde independentista del sur, Sudan’s Peoples Liberation Movement (SPLM), así como su sucesor y el actual Presidente del Sur de Sudan Salva Kiir, son ambos Dinka.

El dominio tanto demográfico, como político; así como las constantes presiones ejercidas por el cambio climático y la lucha por tierras de pastoreo han naturalmente causado mucha fricción entre los Dinka y los demás grupos étnicos de la región. Muy a menudo estas disputas desembocan en conflictos armados y masacres entre diferentes tribus. Según cifras de la Organización de Naciones Unidas en lo que va del año los diferentes conflictos multiétnicos ya han cobrado la vida de 800 personas y desplazado alrededor de 94000 mil alrededor de todo el Sur de Sudán.

Por otro lado, el gobierno del norte ha promovido durante décadas este fraccionamiento entre los diferentes grupos étnicos como una manera muy efectiva de desestabilizar al gobierno del sur.

No está claro todavía como la independencia va a afectar las relaciones de poder entre los diferentes grupos étnicos, sin embargo lo que sí parece ser certero es que el resentimiento y las tensiones se han ido acumulando cada vez más con el tiempo.

Rico en recursos naturales

El ser un país con grandes reservas de recursos naturales altamente valorados en el mercado internacional puede fácilmente ser un arma de doble filo. En aquellos países donde existen una larga trayectoria democrática, fuertes instituciones públicas, y altos niveles de transparencia, de chequeos y de balanzas; la explotación de estos recursos naturales puede convertirse en una importante fuente de riqueza y desarrollo para un país.

Por otro lado, en las sociedades más vulnerables e inestables del mundo, con instituciones públicas débiles y corruptas, y con poca cultura democrática; el manejo efectivo de las ganancias producto de recursos naturales se convierte en algo casi imposible y más bien toma la forma de una maldición

En el caso del Sur de Sudán, una de la principal región exportadora de petróleo del África Oriental, más del 98% de los ingresos del gobierno se atribuyen directa o indirectamente a la exportación de petróleo.

Esta situación no solo vuelve a esta región altamente dependiente del precio internacional del petróleo, sino que también coloca al país en una situación muy vulnerable debido a todos los males antes mencionados que van de la mano con la sobre dependencia de un recursos valioso.


Ahora, si bien es cierto que todas las características anteriormente mencionadas en esencia colocan al Sur de Sudán en una situación extremadamente volátil y conflictiva; yo no creo sin embargo, en hacer predicciones temporales de cuando un país va a caer en una situación de conflicto armado o de afirmar que es solo cuestión de tiempo antes de que esta sociedad se desintegre completamente.

Este tipo de enfoque lo considero poco efectivo y en ciertas ocasiones puede inclusive convertirse en una predicción auto reafirmante, es decir en cierta forma, el sólo hecho de ser considerado como un país al borde de un abismo puede reafirmar en la misma sociedad la idea de que este destino es inevitable.

La idea de resaltar este tipo de amenazas viene sobre todo desde un enfoque más preventivo que fatalista, lo cual considero que es más productivo y beneficioso para la sociedad del Sur de Sudán. La idea es de que con la anticipada declaración formal de independencia programada para julio de este año, el gobierno del Sur de Sudán, así como la comunidad internacional y las Organizaciones no Gubernamentales que operan en la región puedan moldear sus políticas de una manera más efectiva para poder contrarrestar estas diferentes amenazas.

Las sociedades más pobres del mundo como Sudán se caracterizan por ser extremadamente resilientes y poseer una capacidad muy impresionante de sobrepasar grandes obstáculos, por lo que nunca debemos subestimar sus capacidades. Por tanto, entre mejor comprendamos los grandes retos y amenazas a las que se deben enfrentar, mejor preparados estaremos para poderlas comprender.