Wednesday, May 25, 2011

14 Tonos de Gris

El reciente asesinato de Osama bin Laden y la euforia que desencadenó este evento rápidamente me recordó a los sentimientos y argumentos que surgieron en los meses y años posteriores a los atentados del 11 de setiembre del 2001.

Muchas personas consideran que con la muerte de bin Laden se cierra el capítulo de una década caracterizada por el radicalismo religioso, las intervenciones militares y la intolerancia.

Sin embargo temo que a casi 10 años de los atentados del 11 de setiembre y del salto a primera plana del terrorismo internacional, no hemos realmente avanzado en el camino a comprender y superar el tipo de conductas que motivaron en primer lugar a este crimen.

Si bien es cierto que el 11 de setiembre cambio la historia del mundo, una de las cosas que más puso en evidencia no fue la capacidad de Estados Unidos de ser víctima de un ataque altamente destructivo en su propio suelo, sino más bien nuestra poca capacidad de comprender el por qué llegó a ocurrir un acto tan atroz.

Una de las principales víctimas de los atentados terroristas del 11 de setiembre fue nuestra capacidad de profundizar y analizar el verdadero motivo de un evento tan significativo. Esta virtud fue rápidamente consumida por el miedo que rodeó a la población estadounidense y a buena parte del mundo en los días y semanas posteriores al atentado.

De lado fueron tiradas todas las preguntas de ¿Quiénes son verdaderamente los actores de este crimen? ¿Cuál fue su verdadera motivación? o peor aún ¿somos responsables nosotros mismos en alguna manera por este atentado? En cambio la masa se rindió ante uno de nuestros instintos más primitivos y poderosos, el miedo.

El miedo es uno de los elementos con mayor capacidad de unificadora en una sociedad, sin embargo el miedo no controlado puede fácilmente dar paso a la brutalidad y torpeza la ignorancia. Por tanto, luego del incierto y alarmante futuro propuesto por este acto terrositas, muchas de las sociedades del mundo decidieron adoptar las explicaciones peligrosamente simplistas de políticos, periodistas y militares quienes plantean una visión del mundo dividido entre buenos y malos. Un mundo en donde los terroristas odian a occidente por que “odian nuestras libertades y nuestro estilo de vida” según afirmó repetidas veces el expresidente estadounidense George W. Bush.

El pueblo estadounidense nunca se cuestionó de manera objetiva cuales han sido las verdaderas motivaciones de este y cientos de otros atentados terroristas cometidos a través de los años. El pueblo estadounidense tampoco se preguntó de una manera efectiva cuál rol ha jugado su propio gobierno, así como el de otras potencias occidentales en fomentar y motivar la radicalización y el terrorismo a nivel internacional.

Nunca nos cuestionamos los efectos del constante el apoyo militar, financiero y diplomático que algunas de las potencias occidentales han brindado por décadas a decenas de dictadores alrededor del Medio Oriente con el deseo de que estos actúen como protectores de un Estado secular y alejado del radicalismo representado por diversos grupos opositores con afinidades religiosas. Difícilmente reflexionamos sobre las consecuencias sociales de las intervenciones militares en Afganistán, Irak y en menor escala en Pakistán, Yemen y Somalia. Rápidamente catalogamos de antisemita a toda discusión que cuestione el apoyo incondicional al Estado de Israel, el cual es un constante violador del derecho internacional y cuyos dirigentes continúan rehusándose a convertir a este país en un actor pleno de la comunidad internacional.

Rara vez nos preguntamos si estas políticas han tenido un mayor impacto en el descontento hacia Occidente que sienten las sociedades del Medio Oriente y buen parte del mundo musulmán, de lo que las ideas propuestas por Osama bin Laden y al Qaeda jamás han logrado. Sin embargo, nuestro odio y nuestra ignorancia no nos permiten levantar el velo y ver nuestro propio rol en la creación de este mal. En cambio hemos escogido vivir más de una década creyendo que las sociedades occidentales han sido las víctimas exclusivas de un mal personificado por Osama bin Laden y su nefasta organización.

Al Qaeda no es una organización monolítica comandada por una cúpula elitista de terroristas profesionales. Al Qaeda es una idea, un mito, una fantasía utilizada para explicar un fenómeno tan complejo como el terrorismo internacional de una manera simplista y fácil de comprender, al atribuir este mal a un grupo específico de personas maléficas que pertenecen a una organización internacional sin escrúpulos y con un deseo irracional de martirio.

El pensar que existe tal cosa como “una única al Qaeda” con células alrededor del mundo que persigue objetivos específicos dictados por un pequeño círculo de líderes entre los cuales se encontraba el mismo Osama bin Laden; refleja una pobre y poco precisa apreciación de la realidad internacional.

Lo que existe en realidad es un diverso número de grupos que se identifican bajo el mismo nombre y que se rigen bajo una ideología similar, tal es el caso de al Qaeda en la Península Arábica en Yemen, al Qaeda en el Magreb Islámico en Argelia o al Qaeda en el Estado Islámico en Irak; así como también toda una infinidad de grupos extremistas menores que también utilizan el terrorismo para perseguir sus objetivos.

Sin embargo, todos estos grupos no poseen prácticamente ningún nivel de organización o cooperación mutua, ya que cuentan con su propia estructura de comando, persiguen sus propios intereses regionales, y operan en regiones muy diferentes. Por tanto la muerte de bin Laden difícilmente tendrá algún efecto en las operaciones de estas u otros grupos extremistas alrededor del mundo como el Talibán y la red Haqqani en Afganistán o al Shabaab en Somalia.

El mundo, lejos de ser blanco y negro tiende a ser 14 tonos de gris. El pensar que la muerte de Osama Bin Laden va a significar el fin del terrorismo en el Medio Oriente o que si quiera va a tener un impacto significativo en el número de atentados a nivel internacional es en mi opinión un análisis excesivamente simplista y muy poco preciso de la realidad internacional.


Quien fue Osama bin Landen


Bin Laden y al Qaeda son un ideal, un ícono que vinieron a representar la idea del jihad como una obligación presente y posible, tanto así como una estrella de fútbol y un equipo definen todo un deporte, o como un líder y un movimiento definen toda una época.

El rol inicial de Osama bin Laden dentro de la organización que eventualmente llegó a ser llamada al Qaeda, fue el de convertirse en el principal financista del grupo. No es ningún secreto que bin Laden proviene de una adinerada familia saudita dueña de un importante consorcio de compañías constructoras y por tanto se convirtió en una figura muy atractiva para el grupo de radicales previamente conformado por Ayman al- Zawahiri, el tradicional segundo al mando de la organización. Sin embargo, a pesar de su riqueza, la personalidad y carisma de bin Laden lo convierten rápidamente en el claro líder y la cara de la organización.

Según afirma Robert Fisk, el corresponsal en jefe para el Medio Oriente del periódico inglés The Independent y la única persona que logró entrevistarse con bin Laden en múltiples ocasiones, “bin Laden tiene una característica única entre todos los líderes musulmanes que he entrevistado durante todo mi tiempo como periodista en el Medio Oriente. Bin Laden es el único líder que no dice lo primero que se le viene a la mente cuando se le hace una pregunta, sino que más bien se toma lo que parece ser una pausa agonizante mientras evalúa reflexiona antes de dar una particular respuesta”.

Sin embargo, a pesar de toda su gran capacidad de liderazgo e inspiración, la persona que siempre ha sido el padre ideológico de la organización no ha sido bin Laden, sino más bien el segundo al mando de la organización, Ayman al-Zawahiri. Al-Zawahiri es un radical con una amplia experiencia como activista en Egipto, y el cual se cree que recluta a bin Laden a principios de los 90 en Afganistán para formar lo que llegará a ser conocido como al Qaeda.

Por otro lado, en lo que respecta a los atentados del 11 de setiembre, este no fue un atentado ideado y planeado originalmente por Osama bin Laden, sino más bien por el egipcio Mohammed Atta. Es Atta quien no solo presenta a inicios del 2001 a bin Laden y a su grupo con la idea y el método de cómo realizar el atentado terrorista del 11 de setiembre, sino que también es él el que se encarga de dirigir y llevar a cabo la operación. Atta está a bordo de un de los dos aviones que se estrellan contra las torres gemelas en ese fatídico día en Nueva York.

Osama Bin Laden es un cruel criminal y atroz terrorista, sin embargo como él existen miles de personas; y si bien es cierto que su capacidad para inspirar e influenciar a cientos de grupos radicales y extremistas alrededor del mundo es incuestionable, el pensar que él es el creador y dirigente de la mayor parte del terrorismo internacional es simplemente una ingenua ilusión.

Con la intervención militar en Afganistán en el 2001 al Qaeda sufrió un severo golpe y la organización tuvo que desarticularse en gran medida como forma evadir la captura. Desde entonces, la cúpula de dirigentes que logró sobrevivir a los bombardeos estadounidenses y los avances de la Alianza del Norte debió encontrar refugio en las zonas tribales del oeste de Pakistán. La amenaza de ser capturado obligó a bin Laden y a su grupo más cercano de allegados a entrar en refugio a tal medida que esto limitó en gran medida su capacidad de comunicarse con el mundo exterior debido al riesgo de ser descubierto.

Por ende el pensar que Bin Laden ha estado en contacto directo con numerosas células terroristas y planeado atentados al rededor del mundo todo este tiempo es una hipótesis poco probable. El potencial de Bin Laden se encuentra mucho más en su capacidad de inspirar y motivar a futuros terroristas y movimientos radicales, que el de organizarlos y llevarlos a cabo; he ahí la insignificancia de su muerte.

Gracias a la ayuda de la bien establecida política de asesinatos extrajudicales, el gobierno estadounidense prefirió concluir el capítulo en la leyenda de Osama bin Laden convertirlo rápidamente en un mártir, que detenerlo y colocarlo ante un tribunal internacional como el simple criminal que fue.

La muerte de bin Laden representa un gran logro e impulso para la imagen del Presidente estadounidense, el cual intenta mantener sus niveles de popularidad luego de la lucha por impulsar un difícil plan de reforma al sistema de salud y las recuperaciones económicas luego del a crisis financiera.

Lamentablemente este evento ya ha comenzado a ser utilizado como justificación para el continuo uso de técnicas de tortura utilizadas sobre los detenidos en Guantánamo y demás bases militares estadounidenses, así como la constante practica de la política de asesinato extrajudiciales cometidos en Pakistán, Yemen y Afganistán, llevados a cabo por aviones piloteados a control remoto o por fuerzas especiales dirigida por JSOC (Joint Especial Operations Command).

El asesinato de bin Laden es un gran logro desde el punto de vista mediático y de estrategia política, sin embargo si realmente pensamos que Osama bin Laden y al Qaeda son la fuente de todo el mal, el descontento y la motivación de miles de musulmanes que deciden tomar el camino de la violencia en reacción a la presencia y las políticas de las potencias occidentales hacia el Medio Oriente; entonces claramente estamos muy lejos todavía de comprender a estas personas y nuestro rol en su descontento.

El mejor ejemplo de la poca relevancia de organizaciones como al Qaeda para convertirse en agentes de cambio en el Medio Oriente, es la ola de revoluciones populares en decenas de países alrededor toda esta región. Esta ola de revoluciones conocida como “la primavera árabe” ha tenido un mucho mayor éxito en unir y motivar a generaciones de musulmanes para luchar por sus derechos, libertadas y por un nuevo estilo de vida; de lo que decenas de grupos radicales y fundamentalistas como al Qaeda jamás han logrado.

Contrario a lo que muchos políticos, noticieros o militares quisieran hacernos creer de que el mundo esta dividido entre buenos y malos, inocentes y culpables, héroes y demonios; el día que podamos reconocer que si existe tal cosa en el mundo como “una verdad absoluta” esta probablemente no va a ser de color blanco o negro, sino más bien va a tener 14 tonos de gris. Ese día estaremos un paso más cerca de conocernos a nosotros mismos.

Thursday, May 12, 2011

Una combinación volátil, el Sur de Sudán

El constituirse como un nuevo país y por ende como un nuevo miembro de la comunidad internacional siempre conlleva nuevos retos y desafíos que la joven nación debe rápidamente aprender a superara.

Algunas naciones como en el caso de las Repúblicas del Báltico Latvia, Estonia y Lituania, lograron la independencia luego de la caída de la Unión Soviética de una manera acelerada y poco conflictiva. Hoy en día estas tres naciones constituyen miembros activos de la Unión Europea, y por lo menos en el caso de Estonia, este país se ha convertido en uno de los miembros más exitosos de la Comunidad Europea luego de su integración en el 2004.

Para otras naciones como en el caso de las Repúblicas que conformaban la antigua Yugoslavia, el paso a la independencia fue un proceso mucho más sangriento y conflictivo. Por tanto, las secuelas del las guerras vividas entre estos países durante la década de los 90 todavía se hacen sentir todavía en las sociedades que surgieron luego de la disolución del régimen de Tito.

Sin embargo, en el caso del Sur de Sudán, el cual votó por la secesión del norte durante el referendo llevado a cabo en enero de este año, las amenazas y retos a los que se debe someter este nuevo país lo colocan en una escala casi inigualable.

El desarrollo particular que ha tenido esta región a través de su historia ha provocado la creación de toda una serie de características propias que la convierten en una zona extremadamente volátil e inestable en el futuro cercano.

Sin acceso al mar y con males vecinos

El acceso al transporte marítimo es una característica usualmente tomada como poco determinante en el bien estar de un pueblo, pero la cual sin embargo, puede determinar el gran medida el nivel de desarrollo económico de un país. Esto se debe a que hasta la actualidad la gran mayoría del comercio internacional de bienes y materias primas se realiza por vía marítima; salvo en aquellos casos en los que los principales mercados del país exportador son sus países vecinos. De lo contrario el país que desee exportar sus productos en el mercado internacional se encontrará altamente dependiente de la infraestructura de un segundo o tercer país para poder colocar sus productos efectivamente en el mercado internacional.

Ahora bien, si estamos hablando de Suiza, uno de los países más desarrollados y ricos del mundo y el cual cuenta con la dicha de estar ubicada en un “buen vecindario”; sabemos que el típico exportador de queso suizo puede hacer uso de la excelente infraestructura de sus países vecinos para tener sus productos en un puerto de primera calidad en cuestión de horas. Si por otro lado este productor se encuentra ubicado en un país sin acceso al mar y cuyo vecindario directo está conformado por la República Democrática del Congo, Kenya, Etiopía, Uganda y la República Centroafricana; la situación es muy diferente.

Al Sur de Sudán se le hace extremadamente difícil el poder incorporarse al mercado internacional, ya que al no tener acceso marítimo debe obligatoriamente valerse de la infraestructura de sus países vecinos para poder colocar un producto en un puerto marítimo. Esto significa que el Sur de Sudán no tiene un buen incentivo a desarrollar una industria manufacturera, debido a que este tipo de industria tiende a generar productos altamente dependientes del transporte tanto para su manufacturación, como para su exportación. Cabe resaltar que las industrias manufactureras tienden a ser uno de los principales motores de auge y desarrollo de la economía de cualquier país del mundo.

Por otro lado, una posible alternativa para aquellas regiones que no cuentan con un acceso directo al mar es el beneficiarse de los mercados internos de sus países vecinos, sin embargo en el caso del Sur de Sudán, las economías de sus países vecinos se han mantenido a través de los años casi tan estancadas como la sudanesa, por lo que no se han convertido hasta la fecha en mercados deseables para la exportación y hacia los cuales el Sur de Sudán podría dirigir su industria.

Ahora bien, si un país que no posee acceso al mar cuenta con amplias reservas de algún recurso natural valioso, generalmente el alto precios internacional de este recurso hace que su exportación a través de una infraestructura deficiente y anticuada sea aún así un negocio bastante rentable. En el caso del Sur de Sudán este recurso viene a ser el petróleo, el cual tradicionalmente siempre ha sido exportado principalmente a través de la infraestructura ubicada en el norte de Sudán.

El problema viene siendo que esta característica en esencia condena a la economía de la región a una dependencia casi completa de la explotación del petróleo por muchos más años, algo que tiende a ser bastante indeseable.

Las grandes sumas de dinero atraídas producto de la venta del petróleo tienden a convertirse rápidamente en este tipo de países en armas de doble filo, las cuales terminan incentivando la corrupción, el despilfarro, el subdesarrollo, el conflicto y el aumento en el gasto militar.

Historia conflictiva

Desde su independencia del Reino Unido en 1956, Sudán ha tenido que lidiar con una de las guerras civiles más largas de la historia reciente. El conflicto armado entre el norte y el sur se inicia desde 1955 y se extiende hasta 1972, año en donde se logra negociar una paz tenue, la cual sin embargo no logra dispersar las tensiones entre ambos bandos. Por tanto, en 1982 se da un nuevo inicio a la guerra civil, la cual llega a su fin en el 2005 con la negociación del famoso Comprehensive Peace Agreement (CPA).

Desde entonces la paz entre el norte y el sur se ha mantenido, sin embargo en esencia, a excepción de una breve pausa de 11 años, desde su independencia Sudán ha pasado casi un medio siglo en un estado de conflicto perpetuo, el cual según estimación cobró la vida de alrededor de 2 millones de personas.

Los conflictos armados producen toda una serie de elementos altamente nocivos para el desarrollo de toda una sociedad. Tradicionalmente la guerra destruye tanto la economía del país, como su capacidad de recuperación luego de su fin. Esto se debe a que durante una guerra la infraestructura nacional siempre se ve severamente afectada por los diferentes combates, además de que la gran inestabilidad genera mucha desconfianza para la inversión inclusive una vez terminado el conflicto.

Por otro lado, los conflictos armados también tienden a generar una gran emigración de personas fuera de las zonas de lucha hacia zonas urbanas o países vecinos, así mismo los vacíos legales producto de la ausencia Estatal tienden a generar una proliferación de actividades y organizaciones delictivas. Los largos años de lucha tienden a deteriorar severamente la capacidad del Estado para continuar proveyendo los servicios públicos básicos, sin embargo sí promueven un claro aumento en el gasto militar. Por último, el conflicto armado siempre generar grandes abusos de derechos humanos sobre la población civil, además de que conlleva a una eventual radicalización de las conductas e idiosincrasia de toda una sociedad.

El tener un pasado conflictivo eleva altamente las probabilidades de recaer en un nuevo conflicto armado, ya que una vez que un país ha caído en un conflicto armado numerosas fuerzas fuera de su control tienden a atraparlo en un síndrome de conflicto perpetuo, esto es lo que se conoce como “la trampa del conflicto”.

Los conflictos armados son tan dañinos para la sociedad de un país que en esencia son considerados como desarrollo en reversa. Ya se puede imaginar uno el efecto que ha tenido casi 50 años de guerra casi ininterrumpida en un uno de los países más pobres del mundo.

Frágiles instituciones

Uno de los factores principales que garantiza tanto la solidez de una democracia, así como una buena gobernanza por un Estado es la solidez de las instituciones públicas que lo componen.

Más allá de la comunidad internacional o del trabajo de Organizaciones no Gubernamentales o potencias regionales, es el trabajo realizado por las instituciones públicas el que se encarga de establecer tanto un sistema de chequeos y balances que regule todo tipo de actividad pública, como el proveer todo tipo de servicios básicos e indispensables para el buen funcionamiento de un país.

Si bien es cierto que el Sur de Sudán ha sido una región que se ha gobernado de una manera semi-autónoma por décadas, en buena parte debido a su difícil relación con el régimen de Jartum; con la llegada de la independencia sin embargo, esta deficiencia institucional se ha convertido en algo mucho más aparente.

Hasta la fecha el Sur de Sudán cuenta con un mínimo desarrollo institucional, lo que lo coloca en una posición en donde se vuelve casi imposible el poder cumplir con las necesidades más básicas de sus ciudadanos. En los casos en donde un gobierno no es capaz de proveer los servicios mínimos, no sólo coloca a la población en un estado de mucho estrés, sino que también se convierte rápidamente en uno de los principales generadores de inestabilidad dentro tanto de un país, como de toda una región.

Multiplicidad étnica

La existencia de una multiplicidad de grupos étnicos, así como religiosos o lingüísticos dentro de un mismo país no debe ser por sí sola una fuente de tensión e inestabilidad. Inclusive en muchas sociedades esta particularidad suele convertirse en una característica bastante beneficiosa para un país, ya que la multiplicidad étnica tiende a otorgarle a una sociedad una mayor versatilidad y dinamismo. Al tener un gran número de grupos étnicos un país puede gozar de conexiones importante con otras partes del mundo, así como lograr integrarse de una manera más exitosa en diferentes mercados mundiales.

Sin embargo, en las sociedades más pobres del mundo las relaciones multiétnicas tienden a ser puestas constantemente a prueba y están periódicamente sometidas a una mayor tensión debido a los numerosos estreses y presiones a los que deben enfrentarse. Ahora bien, en el caso de aquellos países en donde un grupo étnico en particular es significativamente más numeroso o influyente que los demás, estas divisiones tienden a ser extremadamente volátiles y son frecuentemente la fuente de numerosos problemas dentro del mismo país.

Como lo gran mayoría de países en África, el Sur de Sudán es un mosaico de tribus y etnias diferentes con costumbres, idiomas, intereses y motivaciones muy variadas. Sólo en esta región podemos encontrar más de 40 tribus diferentes, como es el caso de los Nuer, Murle, Madi, Shilluk, Bor y Dinka; siendo este último grupo el que ha tradicionalmente dominado la región durante las últimas décadas.

La etnia Dinka representa aproximadamente un tercio de la población total del Sur de Sudán y ha sido tradicionalmente el grupo étnico más comprometido con la lucha armada contra el norte. Tanto así que John Garang, el antiguo líder del principal grupo rebelde independentista del sur, Sudan’s Peoples Liberation Movement (SPLM), así como su sucesor y el actual Presidente del Sur de Sudan Salva Kiir, son ambos Dinka.

El dominio tanto demográfico, como político; así como las constantes presiones ejercidas por el cambio climático y la lucha por tierras de pastoreo han naturalmente causado mucha fricción entre los Dinka y los demás grupos étnicos de la región. Muy a menudo estas disputas desembocan en conflictos armados y masacres entre diferentes tribus. Según cifras de la Organización de Naciones Unidas en lo que va del año los diferentes conflictos multiétnicos ya han cobrado la vida de 800 personas y desplazado alrededor de 94000 mil alrededor de todo el Sur de Sudán.

Por otro lado, el gobierno del norte ha promovido durante décadas este fraccionamiento entre los diferentes grupos étnicos como una manera muy efectiva de desestabilizar al gobierno del sur.

No está claro todavía como la independencia va a afectar las relaciones de poder entre los diferentes grupos étnicos, sin embargo lo que sí parece ser certero es que el resentimiento y las tensiones se han ido acumulando cada vez más con el tiempo.

Rico en recursos naturales

El ser un país con grandes reservas de recursos naturales altamente valorados en el mercado internacional puede fácilmente ser un arma de doble filo. En aquellos países donde existen una larga trayectoria democrática, fuertes instituciones públicas, y altos niveles de transparencia, de chequeos y de balanzas; la explotación de estos recursos naturales puede convertirse en una importante fuente de riqueza y desarrollo para un país.

Por otro lado, en las sociedades más vulnerables e inestables del mundo, con instituciones públicas débiles y corruptas, y con poca cultura democrática; el manejo efectivo de las ganancias producto de recursos naturales se convierte en algo casi imposible y más bien toma la forma de una maldición

En el caso del Sur de Sudán, una de la principal región exportadora de petróleo del África Oriental, más del 98% de los ingresos del gobierno se atribuyen directa o indirectamente a la exportación de petróleo.

Esta situación no solo vuelve a esta región altamente dependiente del precio internacional del petróleo, sino que también coloca al país en una situación muy vulnerable debido a todos los males antes mencionados que van de la mano con la sobre dependencia de un recursos valioso.


Ahora, si bien es cierto que todas las características anteriormente mencionadas en esencia colocan al Sur de Sudán en una situación extremadamente volátil y conflictiva; yo no creo sin embargo, en hacer predicciones temporales de cuando un país va a caer en una situación de conflicto armado o de afirmar que es solo cuestión de tiempo antes de que esta sociedad se desintegre completamente.

Este tipo de enfoque lo considero poco efectivo y en ciertas ocasiones puede inclusive convertirse en una predicción auto reafirmante, es decir en cierta forma, el sólo hecho de ser considerado como un país al borde de un abismo puede reafirmar en la misma sociedad la idea de que este destino es inevitable.

La idea de resaltar este tipo de amenazas viene sobre todo desde un enfoque más preventivo que fatalista, lo cual considero que es más productivo y beneficioso para la sociedad del Sur de Sudán. La idea es de que con la anticipada declaración formal de independencia programada para julio de este año, el gobierno del Sur de Sudán, así como la comunidad internacional y las Organizaciones no Gubernamentales que operan en la región puedan moldear sus políticas de una manera más efectiva para poder contrarrestar estas diferentes amenazas.

Las sociedades más pobres del mundo como Sudán se caracterizan por ser extremadamente resilientes y poseer una capacidad muy impresionante de sobrepasar grandes obstáculos, por lo que nunca debemos subestimar sus capacidades. Por tanto, entre mejor comprendamos los grandes retos y amenazas a las que se deben enfrentar, mejor preparados estaremos para poderlas comprender.

Friday, April 1, 2011

Una nueva perspectiva

Es asombroso el poder que tienen las estadísticas para cambiar nuestra perspectiva del mundo actual. Muchas veces es difícil darse cuenta de que nuestra idea del mundo puede de hecho estar reflejando una visión completamente desactualizada y errónea de la realidad.

Con respecto a este tema creo que es importante destacar el trabajo realizado por Hans Rosling, profesor de Salud Internacional del Instituto Karolinska, y sus análisis sobre niveles de desarrollo basados en el estudio de diferentes índices y datos estadísticos. Una de las ideas más interesantes y revolucionarias tratadas por Rosling es la idea de diferenciar los niveles de desarrollo a la hora de comparar diferentes regiones del mundo. El mejor ejemplo de este concepto sería el comparar los niveles de desarrollo de regiones como Europa o América del Norte con aquellos de la mayoría de los países del África subsahariana.

Si nos remontamos 60 años en el tiempo y analizamos el nivel desarrollo económico, social y en calidad de vida que han tenido regiones como América del Norte y Europa desde 1950 hasta la actualidad, podemos ver que el típico país en estas partes del mundo ha logrado alcanzar algunos de los más altos niveles de desarrollo en el planeta.

Por otro lado, cuando pensamos en una región del planeta como el África subsahariana, tendemos a verla por el contrario como una región completamente estancada y olvidada, y la cual difícilmente ha logrado disfrutar de algún tipo de progreso significativo en las últimas décadas.

El percibir al África subsahariana de esta manera tiende a ser un error bastante común, pero el cual sin embargo, contribuye a crear una visión errada y completamente desactualizada de la realidad.

El principal error radica en el hecho de que tradicionalmente se tiende a comparar directamente el nivel de desarrollo que ha alcanzado Norte América y Europa en estos 60 años directamente con aquel alcanzado por África subsahariana durante el mismo período de tiempo. No parecemos notar sin embargo, que el nivel de desarrollo de estas regiones no se encontraba precisamente en el mismo punto hace 60 años.

Si analizamos las estadísticas relativas a esperanza de vida, tasa de mortalidad infantil, o el tamaño de las familias (la cantidad de hijos por mujer o tasa de fertilidad) para la década de 1950, podemos ver que el nivel de desarrollo de la mayoría de los países del África subsahariana es comparable no con el de Estados Unidos o Canadá en 1950, sino más bien con el de Europa en el siglo XVIII. Esto quiere decir que la expectativa de vida promedio en África subsahariana en 1950, la cual se asemejaba a los 35 años de edad, es una expectativa comparable a aquella del típico ciudadano europeo viviendo en el año 1700.

Por otro lado, si viajamos sesenta años en el tiempo hasta inicio del siglo XXI y analizamos los indicadores de esperanza de vida, tasa de mortalidad infantil o el tamaño de las familias, podes ver que para este momento el país promedio en África subsahariana ha logrado alcanzar un nivel del desarrollo similar al de Europa o América del Norte a principios del siglo XX. Es decir, la tasa de mortalidad infantil de países como Nigeria, Mali o Mozambique en el 2008, es muy similar a aquella de Irlanda, Suecia o Noruega en el año 1900; o bien el promedio de niños dados a luz por cada mujer para el año 2009 en países como Kenia, Senegal y Burundi, es muy similar al de Alemania, Holanda y Finlandia a principios de 1900.

Ahora bien, es cierto que dentro del mismo África subsahariana existen grandes asimetrías entre países, y que así como hay países que puede que se encuentren a una menor distancia promedio de las naciones más desarrollados del mundo, existen también otros cuyos indicadores los ubican en un nivel de desarrollo aproximado todavía mucho más lejano a los 100 años.

Pese a esto, si analizamos al África subsahariana como una región en general podemos ver que, por lo menos en lo que respecta a los indicadores anteriormente mencionados, en 60 años la gran mayoría de los países de esta región han logrado alcanzar un nivel de desarrollo, el cual le tomó a buena parte del mundo desarrollado en promedio casi unos 300 años en alcanzar.

Los motivos de este gran salto son múltiples y variados, y en general se deben a los increíbles avances tecnológicos y médicos realizados alrededor del mundo, los cuales se han propagado hasta algunas de las regiones más pobres del planeta permitiendo así grandes avances sobre todo en el campo médico y de salud. Por otro lado, se debe destacar el trabajo realizado por numerosas organizaciones no gubernamentales, gobiernos nacionales y diferentes organismos de las Naciones Unidas, los cuales han diseñado numerosos programas de vacunación, prevención y educación que le han permitido algunas de las regiones más pobres del mundo gozar de los últimos avances y desarrollos tecnológicos.

Lamentablemente, el pronóstico para la próxima década de buena parte de los países del África Subsahariana no se ve muy positivo. Esta región continúa presentando índices de pobreza, corrupción y desarrollo difícilmente comparables con alguna otra región en el mundo. La pobreza extrema, la cual afecta a la mayoría de los países de esta región, conlleva por sí sola toda una serie de amenazas que en muchos casos fuerzan al país a caer en un círculo vicioso del cual en muchas ocasiones se vuelve extremadamente difícil escapar. En lo que respecta a otros indicadores de desarrollo y calidad de vida como es el caso del ingreso per cápita o el índice de desigualdad social; parece haber inclusive claros indicios de que esta brecha con respecto al mundo desarrollado se ha ido ampliando.

No cabe ninguna duda de que África subsahariana continúa siendo todavía la región más pobre en el planeta, sin embargo, la idea de que ha sido una región completamente inmóvil y estancada en el pasado es un concepto completamente desactualizado y debe ser modificado.

Sin embargo, pese a este significativo avance, 100 años de rezago entre el nivel de desarrollo promedio en África subsahariana y aquel de los países más desarrollados del mundo sigue siendo todavía una distancia abismal, la cual representa verdaderos retos a la hora de intentar integrarse exitosamente a un mundo cada vez más globalizado y competitivo. Resta por verse todavía cómo se desempeñará esta región en las próximas décadas y si logrará hacer uso de las oportunidades ofrecidas por un mundo globalizado para finalmente poder cerrar esta brecha.

Monday, March 28, 2011

Los peligros del subdesarrollo, el caso de Costa de Marfil

Sin lugar a dudas en el campo de desarrollo y seguridad internacional, uno de los trabajos que más he llegado a admirar ha sido el realizado por el economista y profesor de Oxford Paul Collier. Collier posee una larga trayectoria analizando la situación y las amenazas que acosan a aquellos países que por diversos motivos no han logrado insertarse efectivamente en la comunidad internacional y encaminarse hacia un nivel de desarrollo medio. Estos países son lo que Collier ha denominado como el “billón de abajo”, ya que son los países más pobres del mundo y su población conjunta se aproxima al billón de personas.

Una de las tesis principales que propone Collier a través de su trabajo nos dice que estos países, debido en gran parte a su nivel de desarrollo político, social y económico; poseen un muy alto riesgo de caer en una situación de crisis, ya sea esta política, económica, ambiental o militar. Lo que quiere decir que el nivel de riesgo o volatilidad de estas sociedades es extremadamente alto.

Según Collier, si bien es cierto que existen importantes factores que delimitan la estabilidad y el futuro de un país, como es el caso de haber tenido un conflicto armado en el pasado, poseer altos niveles de corrupción y poca transparencia, o el hecho de tener grandes yacimientos de recursos valiosos. Existe sin embargo, un factor que Collier considera como vital para la futura estabilidad de un país y este es su nivel de desarrollo económico.

Uno de los argumentos más elocuentes que propone Collier es que no importa tanto si un país logra mantenerse libre de conflictos armados por varias décadas, o inclusive si logra mantener una relativa estabilidad política y social por un largo período de tiempo; si el nivel de crecimiento económico del país no es lo suficientemente prolongado o estable para lograr llevarlo a un nivel de ingreso medio, efectivamente sacándolo así del billón abajo (aquellos países con un ingreso per cápita aproximado menor a $2700), todos los demás avances logrados pueden no ser suficientes para evitar que este país caiga en una nueva situación de conflicto. Quizá el ejemplo por excelencia que comprueba esta peligrosa tesis es el de uno de los países más emblemáticos y destacados del África Occidental, Costa de Marfil.

Desde su independencia de Francia en 1960, hasta el inicio de la década de los 80, Costa de Marfil fue considerado como uno de los países más exitosos del África Occidental. De la mano de su autócrata líder Félix Houphouët-Boigny y gracias al desarrollo de la industria del cacao y del café, Costa de Marfil logró convertirse en el país líder del África Francófona y uno de los principales polos de atracción de trabajadores inmigrantes de la región, la gran mayoría de estos provenientes de sus pobres vecinos del norte como Mali o Burkina Faso, y los cuales se dedicaron principalmente al cultivo de tierras y a la recolección del cacao y café.

El auge en el desarrollo de esta actividad, así como los altos precios internacionales del cacao propulsaron por mucho tiempo al milagro marfileño. Costa de Marfil llegó convertirse inclusive en el cuarto productor de café y el primer productor de cacao a nivel mundial, lo que colocó al país por un tiempo en el puesto de la tercera potencial económica del África Subsahariana detrás de Sudáfrica y Nigeria. Sin embargo, el precio del cacao, principal actividad económica del país, era altamente controlado en Costa de Marfil, lo que reflejaba poco el precio original en el mercado exterior.

Por tanto, este período de desarrollo y auge económico vio su súbito fin con la caída de los precios del cacao al inicio de la década de los 80. La poca diversificación de la economía marfileña causó que la situación en el país se deteriorara radicalmente; Houphouët-Boigny nunca se preocupó por el desarrollar una diversificación económica, lo que hizo a Costa de Marfil extremadamente dependiente del preció internacional del cacao. La severidad de la crisis trató de ser atenuada mediante la solicitud de préstamos, lo sin embargo sólo sirvió para hundir al país en una mayor crisis económica.

A su muerte en 1993 y luego de 33 años en el poder, Houpouët-Boigny deja por tanto, un país en un estado alarmantemente frágil, con una economía en ruinas, y sin ninguna experiencia democrática.

A las pocas semanas, llega a la presidencia Henri Konan Bédié, en aquel entonces el Presidente de la Asamblea Nacional. Sin embargo, a medida de que se aproximaban las primeras elecciones presidenciales libres del país en 1995 quedó claro de que Bédié debía primero lidiar con la gran amenaza de no lograr ganar la contienda electoral, ya que se tendría que enfrentar contra el antiguo Primer Ministro y uno de los políticos más populares del país, Alassane Ouattara.

Esta contienda electoral llevó al surgimiento de un fenómeno extremadamente alarmante y peligroso para la historia de Costa de Marfil, el desarrollo de discursos políticos fundamentados en principios étnicos y nacionalistas. Costa de Marfil es un país compuesto de numerosos grupos étnicos entre los que destacan los Baoulé, Krou y Bété principalmente ubicados en el sur y centro del país, y los Sénoufo, Malinke y Dioula en el norte. Así mismo es un país que poseía altos índices de inmigración los cuales indicaban que casi un tercio de la población del país provenía del extranjero. Esta gran variedad étnica, junto con la difícil situación económica presente en el país, y los pocos niveles de desarrollo democrático establecieron las bases para el surgimiento de un conflicto étnico en el país.

Henri Konan Bédié y posteriormente el futuro presidente de Costa de Marfil Laurent Gbagbo, ambos oriundos del sur del país, no dudaron en explotar esta situación para su beneficio como forma de no sólo ganar apoyo de ciertos grupos étnicos dentro del país, sino también para desacreditar y así neutralizar a posibles candidatos opositores.

Vemos entonces el surgimiento por primera vez del concepto conocido como “ivoirité”, es decir, la idea de que existe una clase de características que conforman al verdadero ciudadano de Costa de Marfil. Lo preocupante de este concepto es qué da origen al debate de quién es un verdadero ciudadano de Costa de Marfil, el cual debía asemejarse cada vez más a aquellas personas provenientes de grupos étnicos ubicados al sur del país; mientras los falsos ciudadanos catalogados como inmigrante eran aquellos originarios de la parte norte del país, mayoritariamente musulmana y altamente poblada de inmigrantes.

Ahora, si bien es cierto que el discurso político-étnico ha estado presente muchas de las sociedades modernas alrededor del mundo, un buen ejemplo es la lucha entre las comunidades Valona y Flamenca en Bélgica. Este debate es visto en ocasiones inclusive como algo que enriquece a menudo el debate político. En el caso de países tan volátiles e inestables como Costa de Marfil, el desarrollo de este fenómeno puede tener sin embargo, consecuencias extremadamente serias y letales.

Bédié, quien es oriundo del grupo étnico Baoulé, se vale entonces de su poder para alterar la constitución y logra evitar que Ouattara se presente como candidato presidencial debido a cuestionamientos en su descendencia étnica. Ouattara, oriundo del norte del país e hijo de un padre con descendencia burkinesa es entonces presentado como un extranjero no lo suficientemente marfileño para ser presidente. Esto a pesar de ya haber ocupado el puesto de Primer Ministro anteriormente.

Con el principal candidato opositor fuera de la contienda, Bédié es elegido presidente en unas elecciones ampliamente consideradas como injustas. Este fenómeno va a marca el inicio en el país de un período de gran inestabilidad política y militar, además de sentar las bases para la guerra civil que llegó a dividir el país en los próximos años.

Con el tiempo Bédié continúa valiéndose de la carta étnica para acentuar su poder mediante el despido en el sector público y en el ejército, de políticos y militares provenientes del norte del país. Sin embargo, la gran mayoría de las fuerzas militares provenía de grupos étnicos diferentes del de Bédié, por lo que cuando él decide reducir el número de efectivos militares, varios generales se revelan y realizan un golpe de Estado, el cual lleva al poder al general Robert Guéï.

Guéï era el antiguo jefe de personal de Bédié, así como jefe de las fuerzas armadas del país, y luego de tomar el poder en 1999 promete llamar a elecciones libres dentro de 6 meses. Fiel a su palabra Guéï así lo hace, sin embargo, ya habiéndole encontrado el gusto a gobernar decide también presentar su candidatura para el puesto de presidente.

Lamentablemente para Guéï, las elecciones se convirtieron rápidamente en un problema, ya que pese a que sus talentos naturales para el puesto eran claramente evidentes para sí mismo, el país se encontraba altamente polarizado entre aquellos que quería votar por Alassane Ouattara y aquellos que quería a ver de regreso al poder a Henri Konan Bédié.

Por tanto, el general Guéï decide excluir a estos dos candidatos de la contienda electoral y en cambio escoge al poco popular Laurent Gbagbo como su contrincante electoral. Pese a esto, Guéï comete el error clásico de todo dictador, sobreestima el apoyo y el aprecio que el pueble siente por él y pronto se da cuenta de que no era tan amado como sus asesores tan entusiastamente le hacían saber.

Pese a un nivel de abstencionismo del 63%, de aquellas personas que deciden votar, la mayoría lo hace por Gbagbo, quien por tanto llega al poder gracias a una elección ilegítima y un golpe de Estado. Sin embargo, el futuro de Gbagbo en el poder dependía de no realizar elecciones presidenciales en el futuro, ya que de hacerlo muy probablemente sería derrotado por Bédié o Ouattara, ambos políticos mucho más populares que Gbagbo.

En el 2002, general Guéï decide liderar un segundo golpe de Estado, el cual no sólo falla en sacar a Gbagbo del poder, sino que también le termina costando la vida. Sin embargo, las fuerzas rebeldes logran tomar con éxito el norte del país donde se reagrupan y se constituyen como la nueva fuerza militar de oposición llamada “les Forces Nouvelles” o las Fuerzas Nuevas.

Debido a que el ejército marfileño no ha probado ser muy leal o confiable en los últimos años, Gbagbo decide por su parte armar a su propia milicia conocida como “les Jeunes Patriotas” o los Jóvenes Patriotas, y la cual estaba constituida por la mayoría de sus simpatizantes, principalmente cristianos y oriundos del sur del país.

A pesar de esto, la amenaza representada por las Forces Nouvelles era suficiente como para forzar a Gbagbo a jugar la carta étnica otra vez, en este caso en contra de la comunidad francesa. Costa de Marfil era en aquel entonces el hogar de la mayor comunidad de franceses en todo África, y Gbagbo se vale de eso para promover el ataque por parte de sus simpatizantes a los ciudadanos y los comercios franceses conciente de que esa situación de amenaza forzará a Francia a actuar para proteger a sus ciudadanos.

Este acto causó que a las pocas semanas el gobierno francés decidiera poner en práctica la operación Licorne, la cual estableció el envío de un contingente de 6000 soldados franceses altamente armados a Costa de Marfil con el objetivo de establecer un cordón sanitario a través de todo el país efectivamente dividiéndolo entre norte y sur, y así virtualmente congelando los enfrentamientos entre ambos grupos.

La intervención francesa disminuyo rápidamente el número de enfrentamientos, así como la intensidad de la lucha, pero también salvó posiblemente al régimen de Gbagbo y llevo a una eventual situación de estancamiento entre ambos bandos.

Gbagbo por un lado, estaba conciente del hecho de que cualquier tipo de elección libre lo forzaría fuera del poder, mientras que por el otro comprendía también la importancia que tenía el llevar acabo un proceso electoral como única manera de mantener su legitimidad internacional y de asegurar el reenvío de fondos de ayuda humanitaria y de desarrollo.

Sin embargo, debido a la tensa situación vivida en el país, la cual no permitía la realización de elecciones libres, Gbagbo lograr alargar su período electoral varias veces, lo que le permite eventualmente llegar a un acuerdo de paz y a la reunificación del país en el 2007. Pese a esto, Gbagbo logra mantenerse el poder hasta las contestadas elecciones presidenciales de noviembre del 2010, cuando se ve obligado a enfrentarse a una coalición liderada por su antiguo rival, Alassane Ouattara. A quién la comunidad internacional da el gane luego de un estrecho resultado en el proceso electoral, Gbagbo se rehúsa sin embargo, a otorgar el poder y declara las elecciones fraudulentas.

Actualmente a pesar de la intervención de Naciones Unidas, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS), de la Unión Africana, y la aplicación de sanciones económicas y un embargo de armamentos; la situación en Costa de Marfil se encuentra actualmente casi al borde de una segunda guerra civil.

Desde febrero de este año más de un millón de residentes de la capital marfileña han sido desplazados producto de la violencia y las amenazas, los barrios en la capital se encuentra fuertemente delimitados de acuerdo al Presidente que apoyen y la tensión en la ciudad es constante producto de enfrentamientos entre milicias leales a diferentes bandos. En el campo, miles de ciudadanos han debido desplazarse de sus hogares, muchos de los cuales inclusive han decidido huir a países vecinos como Liberia, lo que genera el riesgo de desestabilizar a toda la región.

La situación en Costa de Marfil parece hacer fiel honor a la tesis propuesta por Collier, ya que nos proporciona con un trágico ejemplo de cómo un país que fue por mucho tiempo considerado como una de las principales economías en desarrollo en África, se convirtió en la actualidad en el país más volátil del África Occidental.

Si bien es cierto que el futuro inmediato de este país se mantiene todavía incierto, lo que sí parece ser seguro es que sea cual sea el resultado, los civiles serán como de costumbre quienes cargarán con las consecuencias de las acciones tomadas por cualquier bando.

Saturday, March 19, 2011

Gracias Bouazizi

A través de la historia han habido numerosos ejemplos de personas que han logrado hacer surgir un movimiento y cambiar la historia. Con su muerte, estas personas han llegado a convertirse en los grandes íconos, las grandes leyendas de la historia, pero por cada Mahatma Gandhi, por cada Nelson Mandela, por cada Martin Luther King Jr, existen también figuras casi desconocidas que cambian el destino de una nación para siempre. Mohamed Bouazizi, un simple joven tunecino de 26 años pasará a la historia como uno de estos grandes íconos que marcaron una época, que definieron un movimiento, que hicieron historia.

Mohamed Bouazizi fue una victima más del terrible estado económico de su país, debido a su necesidad de mantener a un tío enfermo, a su madre, sus hermanos e inclusive de pagar por los estudios universitarios de su hermana; se vio forzado a conseguir numerosos trabajos desde los 10 años hasta convertirse en un simple vendedor de verduras en el mercado local de Sidi Bouzid, una pequeña ciudad en el centro de Túnez.

Sin embargo, el 17 de diciembre, Bouazizi vio sus pertenencias ser decomisadas por la policía debido a la falta de un permiso municipal para vender productos. Mohamed sabía que no tenía suficiente dinero para sobornar a los oficiales para evitar que se llevaran sus cosas o suficiente dinero para sobornar a los oficiales municipales para conseguirlas de vuelta. Al tratar de presentar una queja ante el gobernador local, su situación fue rápidamente ignorada.

En cuestión de minutos Bouazizi acababa de perder su única forma de alimentar a su familia, así como de pagar el préstamo en el que había incurrido para comprar los productos que iba a vender durante el día. Sin embargo, es la eventual bofetada en la cara propinada por una oficial de policía debido a su conducta, lo que lo lleva a rociar su cuerpo con gasolina y prenderse fuego en medio de la calle.

Yo siempre he creído que cuando uno empuja a una persona lo suficiente, eventualmente esta persona empezará a empujar de vuelta, y cuando Mohamed Bouazizi decidió empujar de vuelta todo el mundo árabe escuchó su llamado.

Normalmente su acto de extrema desesperación habría sido nada más que una curiosidad ocurrida en un poco conocido país del norte de África, sin embargo en este caso, las leves olas generadas por la muerte de este joven causaron tormentas en las costas del resto del mundo árabe.

La muerte de Mohamed Bouazizi se conjugó con una serie de elementos para generar una tormenta perfecta que causó la mayor transformación geopolítica en el Medio Oriente desde la caída del Imperio Otomano en 1919.

Este acontecimiento llevó a la caída de dos de los regímenes más duraderos del mundo árabe, a una virtual guerra civil en un tercero, y a numerosas protestas y manifestaciones en casi una decena de países más.

Sin embargo, lo que realmente cautivó a todo el mundo árabe fue lo poderoso del mensaje enviado por Bouazizi, pues él fue simplemente un joven más en busca de una mejor vida para él y su familia, algo con lo que millones del jóvenes alrededor del Medio Oriente fácilmente se pueden identificar, y que sin embargo es llevado a prender su cuerpo en llamas debido a su estado de extrema de desesperación gracias a la posición en la que es puesto por un gobierno gobierno corrupto y represivo. Muy probablemente si Bouazizi se hubiese suicidado silenciosamente en el baño de su casa el mundo nunca hubiese conocido su nombre, pero su persona y la forma de su trágica muerte enaltecieron a toda una generación a alzar su manos y a ejercer su poder.

Es difícil encontrar una imagen más conmovedora que la de un pueblo luchando unido por su libertad contra las tropas del gobierno y sus simpatizantes, o bien la de un ciudadano egipcio que decide adentrarse en los abandonados cuarteles de la Mukhabarat, la policía secreta, con el fin de buscar junto con otros ciudadanos a prisioneros políticos que se encuentran todavía detenidos y olvidados en las numerosas cárceles secretas del régimen; no eran más que compañeros desconocidos que sin embargo, tenían que ser rescatados.

Las repercusiones de esta revolución pueden seguir siendo vistas hasta la fecha, demostraciones diarias en Saná, la capital yemenita, la represión de manifestantes en Manama, la capital de Bahrein, y los constantes combates entre las tropas leales al régimen y los combatientes opositores en Libia. Miles de personas continúan luchando en Egipto y Túnez para garantizar que sus frágiles logros no sean desperdiciados y que sus gobiernos se conviertan en verdaderas entidades representativas.

Lamentablemente Mohamed no vivió para ver las repercusiones de su trágica decisión pues falleció en el hospital el 5 de enero, pocos días antes del inicio de las principales demostraciones en Túnez. Sin embargo, su pueblo y el resto del mundo fueron testigos de la revolución que llegó a inspirar. Al parecer, una sola persona, con el gesto indicado en el momento perfecto puede llegar a cambiar el mundo, sólo depende de cada uno nosotros el encontrar nuestro momento.

Tuesday, March 15, 2011

180 Estándares de Separación

Ah no hay nada que diga éxito académico como el título de Doctor agregado al inicio de un nombre, sin embargo en cierta forma esto fue lo que causó la caída de uno de los más populares políticos alemanes del momento.

Por supuesto que estoy hablando de ningún otro que Karl-Theodor zu Guttenberg, ex Ministro de Defensa, miembro prominente del partido Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), posible futuro canciller de Alemania, y una de las estrellas en ascenso más prometedoras de la política alemana.

Por lo visto, el ser miembro de la realeza bávara, descendiente de una familia con una larga tradición política, y el ostentar un nombre que fácilmente deja a cualquiera sin aliento, Karl-Theodor Maria Nikolaus Johann Jacob Philipp Franz Joseph Sylvester Freiherr von und zu Guttenberg; no es suficiente sin embargo, para completar el perfil de un político ejemplar en Alemania.

Ahora bien, la pérdida del puesto del Ministro de Defensa alemán no se debió al tradicional escándalo típico de todo político. No fue un escándalo de corrupción al estilo Fujimori o si quiera la sospecha de haber cometido alguna malversación de fondos al estilo José María Figueres. Tampoco se debió a la conducta de una poca exitosa estrategia militar como en el caso de Donald Rumsfeld, ni mucho menos debido a una escapada sexual al estilo del cavaliere Berlusconi.

No, en este caso se debió a algo un poco menos “tradicional”. El descubrimiento de ciertas anomalías con respecto a la tesis doctoral de zu Guttenberg demostró que al parecer, el ministro decidió pedir prestado ciertas partes de sus tesis doctoral a otros autores sin citar correctamente las fuentes originales de esta información, lo que tanto en Costa Rica, como en Alemania (salvo quizá en China) es conocido como “plagio”.

Esta controversia causó no sólo que zu Guttenberg fuese desposeído de su doctorado por parte de la Universidad de Bayreuth, sino que en cuestión de seis días después de que la Universidad tomó esta decisión, la cancillera alemana Angela Merkel ya estaba recibiendo la carta de renuncia del Ministro de Defensa.

Es este acto “un mero asunto personal, ya que yo contraté a Karl como Ministro de Defensa y no como asesor académico” como lo califico la canciller alemana Angela Merkel, o es por otro lado prueba de una intolerable y vil traición al pueblo alemán.

Ahora bien, esté o no esté uno de acuerdo con el llamado de renuncia emitido por varios miembros del partido opositor en el Reichstag, Partido Social Demócrata (SPD), no podemos negar en todo caso, que el estándar moral en la política alemana es bastante alto.

Uno tiene que preguntarse sin embargo, que pensaría nuestra Presidenta de la República Laura Chinchilla con respecto al “interesante” desempeño del Ministro de Obras Públicas y Transporte Francisco Jiménez Reyes frente al “complicado” problema de la mítica platina. Un asunto que parece haber retado al máximo las capacidades técnicas del Ministerio de Obras Públicas y Transporte y de su ministro.

Lo cierto del caso es que la redacción, o mejor dicho “la recopilación” de la famosa tesis doctoral le ha ganado al ex Ministro de Defensa alemán, no sólo la pérdida de su puesto en cuestión de una semana, así como bastante del brillo de su antes prometedora carrera política, sino que también le ha concedido el no tan espléndido título de Dr. Karl-Theodor zu Googleberg.

Me pregunto por otro lado, si el futuro de la carrera del Ministro Reyes se ve también así de sombrío.